De todos los humoristas que han bromeado con la medicina, posiblemente nadie ha entendido mejor a los médicos que Forges. El satírico dibujante ha mirado nuestra la profesión desde muchos puntos de vista: el del enfermo paciente y el del enfermo impaciente; el de los gerentes y gestores; ha criticado el sistema sanitario… pero, sobre todo, ha hecho humor con los profesionales sanitarios. Ha bromeado con médicos de todo rango, haciendo chistes sobre residentes inocentes y médicos resabiados, especialidades de toda clase (algunas veces inventadas) y cualquier forma de ejercicio profesional. En sus chistes sobre médicos, Forges nos ha tratado con comprensión y empatía, lo que no le ha impedido reprobar muchas de nuestras actitudes.

Antonio Fraguas Saavedra nació en Madrid en plena posguerra y pronto comenzó a trabajar en televisión, pasando a lo largo de su vida por todos los medios de comunicación (radio, periódicos, revistas), en los que desarrolló las tareas más diversas: desde comentarista y tertuliano hasta director de cine, pasando por novelista o presentador de televisión. Sin embargo, si por algo ha pasado a la Historia, con mayúscula, es por sus dibujos.

¿Por qué Forges nos ha hecho reír tanto a los médicos? Sencillamente porque nos hemos sentido comprendidos. Incluso cuando nos deja en mal lugar o cuando habla de nuestro maltrato al paciente, hay verdad en sus viñetas.También retrató Forges la sociedad y la actitud de muchos pacientes y usuarios.

Forges se valió del sistema sanitario para contar lo que ocurría en la sociedad, porque lo que sucede cuando enfermamos es siempre importante y pone en cuestión todos los recursos disponibles: un sistema muchas veces insuficiente, la ética de cada individuo (médicos experimentados y residentes, enfermería, pacientes, familiares, administración), el papel de los medios de comunicación, la educación de la sociedad, y un largo etcétera. Darle a todo esto una lectura creativa y original desde el humor, como hacía Forges, no es sencillo. Porque hacer humor es lo más difícil, ya que supone entender la realidad, su complejidad y dramatismo, y sobreponerse a ella exprimiendo sus contrastes y sus absurdos. Narrar un drama es fácil; pensemos, si no, en lo sencillo que nos resulta contar algo serio. Sin embargo, hacerlo despertando una carcajada o, al menos, una sonrisa, es “asaz complicado”, como diría Forges. Y para esta difícil tarea nuestro homenajeado estaba superdotado.