Todos hemos cometido algún error, está en la condición humana. Los médicos y las enfermeras también los cometen. No nos gusta equivocarnos, y procuramos aprender de los errores para disminuir la probabilidad que vuelvan a suceder. A veces, como consecuencia de esos errores, nuestros pacientes sufre un daño. Eso nos afecta más todavía, especialmente si el daño es grave o el paciente fallece por ello. Incluso si no hemos cometido un error y el paciente sufre un evento adverso inevitable, nos afecta.
El paciente es la primera víctima; los médicos, enfermeras y los cuidadores en general, son la segunda, por el impacto emocional que también sufren. Muchos médicos y enfermeras abandonan incluso la carrera o se dedican a actividades no asistenciales tras haber estado implicados en un evento adverso, porque no han podido superarlo. Otros han visto seriamente afectada su salud, han tenido depresiones e incluso se han suicidado.

Para superarlo es fundamental el apoyo temprano de los compañeros y de los superiores, apoyo que raramente se da en España. Fuera de nuestro país hay instituciones que sí tienen un plan de detección y apoyo a segundas víctimas, que se activa a la vez que el de apoyo a las primeras víctimas cuando sucede un evento adverso, especialmente si es de graves consecuencias para el paciente. Cualquier institución que se precie de valorar su capital humano debería hacerlo.

 

El pasado día 22 de noviembre de 2018 se desarrolló la XI Reunión de la Asociación Canaria de Calidad Asistencial-ACCA, entre los ponentes que intervinieron, destaca José Joaquín Mira Solves, Doctor en Psicología Clínica por la Universidad de Elche, referente del Ministerio de Sanidad en la estrategia de las Segundas y Terceras Víctimas, y hemos podido abordarle para hacerle las siguientes preguntas:

 

Pregunta: ¿El concepto segunda y tercera víctima es reciente?.

Respuesta: El Dr Albert Wu propuso este término de segunda víctima hace ya algo más de 15 años. Pero el fenómeno de la segunda víctima no es desde luego nada nuevo. Es una vivencia que, lamentablemente, muchos profesionales experimentan a lo largo de su carrera y está relacionada con el impacto emocional que supone sentirse implicado en un evento adverso grave (y en ocasiones en un casi error) para uno o más pacientes. El Dr Wu sí que fue el primero en “bautizar” esta vivencia emocional con el término de segunda víctima.

El de tercera víctima es mucho más reciente y guarda relación con la crisis de reputación que para una institución sanitaria supone el impacto de los incidentes de seguridad en otros pacientes y en la sociedad (me atrevo a decir que también entre los colectivos profesionales). Las noticias (y los rumores) sobre los incidentes de seguridad más graves ocasionan una pérdida de imagen social y, en definitiva, dudas sobre la capacidad técnica y científica de colectivos profesionales o centros.

 

Pregunta: ¿A qué nivel de desarrollo se encuentra España?.

Respuesta: A nivel internacional la mayoría de estudios y los programas de intervención con los que contamos proceden de instituciones norteamericanas. En Europa, el prof Kris Vanhaecht lidera un grupo de trabajo e intervención que ofrece apoyo en hospitales de Bélgica y de Holanda. Nuestro grupo empezó hace ya unos años organizando un foro, que dirigió el Dr Aranaz, sobre qué hacer y qué no hacer cuando ocurría un evento adverso grave involucrando a periodistas, gestores sanitarios, especialistas en salud mental y juristas. Fruto de este encuentro, financiado por Mapfre, elaboramos un decálogo de actuaciones recomendadas. Hace 4 años llevamos a cabo un amplio estudio para determinar qué se hacía y qué se podía hacer para afrontar esta problemática en hospitales y atención primaria. Nuestro grupo, a nivel internacional ha sido el primero a la hora de describir qué ocurre en atención primaria y a la hora de proponer alternativas para los profesionales de este nivel asistencial. Hemos propuesto y puesto a disposición de colectivos profesionales y de la comunidad científica un programa online de sensibilización y prevención primaria para ayudar a afrontar estas situaciones, junto a una Guía de Recomendaciones que puede consultarse en http://segundasvictimas.es. Ahora mismo, lideramos un grupo europeo que busca analizar y proponer soluciones conjuntas para los sistemas sanitarios de los países de la UE, incluyendo el análisis de las reformas a nivel legal que deberían afrontarse para vencer miedos y resistencias e incrementar la implicación de los profesionales en la seguridad de los pacientes.

 

Pregunta: ¿Cuáles son, en su opinión, las mayores dificultades para iniciar un proyecto de este tipo?.

Respuesta: Sin duda abordamos un tema complejo porque intervienen muchos aspectos (técnicos, culturales, actitudinales, legales, económicos, etc.) y porque hablar de que las cosas salen mal a veces no le gusta a nadie. A la cabeza viene enseguida la palabra y el concepto de culpa, culpable y castigo. Así, se compromete la seguridad de los pacientes y se impide que en el futuro se adopten alternativas para evitar nuevos eventos adversos similares al que acaba de ocurrir. La cultura de seguridad en nuestras organizaciones es determinante de la respuesta ante los eventos adversos y, por supuesto, de la actitud con la que se afronta la gestión de los riesgos inherentes a la actividad sanitaria.

 

 

Pregunta:¿Qué tipo de información se ha de dar al paciente y a sus familiares?

Respuesta: Información clara, sencilla, completa y fidedigna, adaptada a su nivel de comprensión y con la posibilidad (por actitud de quien informa y del tiempo disponible) de formular preguntas sobre qué ha ocurrido, por qué y qué medidas se han adoptado para que no vuelva a ocurrir. En este caso, es importante informar al paciente de todas las medidas que se han adoptado en el pasado y de cómo se lleva a cabo la gestión de riesgos en el servicio o centro. También hay que trasladar que la prestación sanitaria se realiza en un entorno de incertidumbre, donde resultados inesperados pueden ocurrir. El paciente es recomendable que disponga de un profesional de contacto durante unos meses (recomendamos entre 3 y 6) por si surge alguna dificultad, responder a sus dudas y sentirse seguro. También que tenga información sobre el resultado de las propuestas para evitar que pueda volver a ocurrir.